El Barcelona, a un paso de la final de la Copa de la Reina tras vencer en San Mamés | Fútbol | Deportes

Se supone que ser la ganadora del Balón de Oro da cierta jerarquía dentro de su equipo, de la selección y de cualquier ámbito allá donde se mueva. Incluso a la hora de reservar mesa en un restaurante, si es necesario bajar a la vida cotidiana. Pero, sobre todo, tener enfrente a la ganadora del trofeo a la mejor jugadora del mundo, obliga a sus rivales. Por supuesto, una futbolista con el talento que se necesita para vestirse de gala y subir al escenario del Theatre du Chatelet para recibir la bola dorada, es impredecible en su forma de jugar por mucho que tenga a una, dos o tres jugadoras del equipo contrario encima. Lo que no es tan normal es que no tenga a ninguna.

Y eso le sucedió a Aitana Bonmatí, que debió quedarse perpleja cuando antes de que se cumpliera el primer cuarto de hora, y después de un saque de esquina, observó que recibía la pelota en el semicírculo del área sin detectar en las cercanías a ninguna jugadora del Athletic, por lo que si para una futbolista de su categoría, es relativamente fácil decidir lo que debe hacer en una centésima de segundo, armar la pierna y disparar, más todavía si tiene tiempo para pensar, casi para reflexionar. Así que miró dónde debía poner su disparo y lo hizo con precisión de cirujana para abrir el marcador.

Y puede ser un despiste, una desatención, una decisión desafortunada de las defensas del Athletic, pero resulta que tres minutos más tarde, otra vez se encontró Aitana en la misma situación, y como es su obligación, respondió al estímulo de la misma manera. La Balón de Oro liquidó al equipo bilbaíno en dos acciones en las que se movió como pez en el agua. Ganó allí el partido y casi seguro que la eliminatoria. Pecados de juventud rojiblancos.

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Luego acometió el Athletic el encomiable empeño de mantener el tipo frente a un equipo que es mucho más que Bonmatí, y por supuesto, sufrió para hacerlo, cerrándose más en defensa y tratando de no pegar ni un pelotazo y sacar el balón desde atrás, aunque la presión adelantada del Barcelona lo impedía muchas veces. Así que se jugaba siempre en el campo del Athletic, pero el partido, con el marcador casi decidido, se espesó. Sandra Paños se aburrió en su área, a la espera de una cesión de sus defensas que no llegaba nunca, y mientras, su colega Nanclares tuvo que volar un par de veces para neutralizar a las delanteras del Barça.

La segunda parte fue igual, aunque con cambios aquí y allá. Al Athletic le apareció otro dolor de cabeza con la salida al campo de Salma Paralluelo, que confirmó los temores con el tercer tanto de su equipo, que incluso al ritmo cansino con el que jugó el segundo parcial, porque no le hacía falta más, siguió dominando, aunque el orgullo bilbaíno le dio para estirarse un par de veces y pisar el área barcelonista, sin incidencias, eso sí, para el resultado final. El Barcelona, salvo alineación indebida como le ocurrió la temporada pasada, que no se espera, será uno de los finalistas.

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