El incendio de Hawái causa al menos 55 muertos y devasta la capital histórica de Maui: “Ha quedado diezmada” | Clima y Medio Ambiente

El incendio de Hawái causa al menos 55 muertos y devasta la capital histórica de Maui: “Ha quedado diezmada” | Clima y Medio Ambiente

Como el paso de una enorme “antorcha rapidísima” los describen testigos presenciales. La isla hawaiana de Maui combate este jueves los rescoldos de unos incendios que han dejado al menos 55 muertos, ya se encuentran entre los más letales de la historia reciente de Estados Unidos y han sembrado el caos a su paso. Miles de personas han perdido su hogar, otras miles se encuentran sin electricidad y su capital histórica, Lahaina, ha quedado reducida a cenizas en el desastre, avivado por los vientos de un huracán distante y otro ejemplo de los violentos fuegos que con cada vez mayor frecuencia asolan el oeste de EE UU como consecuencia del cambio climático.

Es “un momento trágico para todo el Estado” de Hawái, ha asegurado la vicegobernadora, Sylvia Luke, en una comparecencia ante los medios. Lahaina, un enclave de 12.000 personas y popular núcleo turístico, ha quedado “diezmada”, puntualizaba. Harán falta “años” para recuperar lo que hasta el martes se promovía como un paraíso tropical, donde multimillonarios como Jeff Bezos o la estrella de televisión Oprah Winfrey mantienen residencias.

Las imágenes por satélite, y vídeos tomados por residentes, evidencian el nivel de los daños. Los datos oficiales hablan de 271 estructuras destruidas en la ciudad. Sobre el terreno, vehículos carbonizados, cenizas donde hubo calles llenas de gente y montones de cascotes en lugar de edificios. Apenas queda nada en pie. El casco antiguo de Lahaina, hasta el martes una pintoresca localidad de coloridos edificios de madera, algunos de hasta dos siglos de antigüedad y abundante vegetación, se ha convertido en humo, tras arder a toda velocidad. Su Front Street, el malecón repleto de comercios y restaurantes abarrotados de turistas, ya no existe. Ha ardido su gran símbolo, el árbol más antiguo de la isla, un gigantesco baniano de 150 años que daba sombra a un jardín entero. Se teme que el abundante patrimonio histórico de lo que fue la capital del reino de Hawái en el siglo XIX—y un próspero centro ballenero por el que pasó Herman Melville antes de escribir su “Moby Dick”— se haya ido con las llamas.

Las autoridades temen que la cifra de víctimas pueda “superar de largo las 60″, según declaraciones del gobernador, Josh Green, a la CNN. “Han sido unos incendios muy grandes que avanzaban con gran rapidez, y solo hace poco que hemos podido empezar a contenerlos. Deseamos lo mejor, pero estamos preparados para lo peor”, señalaba el portavoz de la Agencia de Gestión de Emergencias de Hawái, Adam Weintraub, en la cadena de televisión ABC. La isla “se ha visto puesta a prueba como nunca en nuestras vidas”, ha declarado por su parte el alcalde de Maui, Richard Bissen.

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La rapidez de los incendios tomó desprevenidos a los residentes. El huracán Dora, que pasaba a cientos de kilómetros, trajo unos fuertes vientos, de 90 kilómetros por hora. El ingrediente que faltaba para un cóctel letal. Los demás ya estaban allí: un aire sin apenas humedad y unas condiciones muy áridas debido a las condiciones de sequía en la mitad suroeste de la isla; una vegetación seca. El fuego, que comenzó en una colina sobre Lahaina, “se lo llevó todo por delante a una velocidad sorprendente”, describía el residente Mauro Farinelli a medios locales, “era como una antorcha”.

La velocidad fue tal que decenas de personas se echaron al mar para escapar de las llamas. El servicio de guardacostas estadounidense se movilizó para rescatar a más de cincuenta personas del agua. “La noche del martes, cuando el incendio se expandió rápidamente y afectó al casco urbano de Lahaina, el servicio de guardacostas comenzó a recibir informes sobre gente que había tenido que huir del fuego hacia el mar, y finalmente entrar en el agua”, según la capitana Aja Kirksey, comandante del sector de Honolulu. Su servicio rescató a 17 personas y contribuyó a poner a salvo a otras cuarenta.

Sin luz ni alojamientos suficientes

Las autoridades trabajan para restablecer los servicios de electricidad y telefonía móvil, interrumpidos cuando las torres de comunicación y el cableado quedaron derribados por el fuego. La tarea que tienen por delante es ingente y expone algunos de los grandes problemas que padece la isla, ocultos normalmente por su paradisíaca imagen turística.

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Es necesario encontrar alojamiento para las miles de personas que han perdido su hogar. Un problema enorme en una isla donde la escasez de vivienda es endémica y su precio se encuentra entre los más altos de Estados Unidos. Donde ya abundaban los casos de personas sin techo. Y donde el turismo y sus demandas ―hoteles de cinco estrellas, campos de golf― consumen recursos vitales y escasos, como el agua, algo que causa constantes fricciones entre la población autóctona.

La Autoridad de Turismo de Hawái ha pedido a las decenas de miles de visitantes que se encontraban en la isla que se marchen, y recomienda “vivamente” a quienes tenían planeado llegar que cambien sus rutas si su viaje no es imprescindible. “En los próximos días y semanas nuestra atención y recursos se debe centrar en la recuperación de los residentes y las comunidades que se vieron obligados a evacuar sus viviendas y negocios”, indica en un comunicado. Aunque de momento se ha alojado a los evacuados en escuelas y otros recintos, en los próximos días los planes pasan por recurrir a las residencias turísticas y las habitaciones de hotel para realojar a quienes se han quedado sin vivienda. En Honolulu, la capital de Hawái, el centro de convenciones se preparaba para recibir a quienes hayan quedado sin techo.

Miles de turistas habían quedado atrapados en sus hoteles en el oeste de Maui por la clausura de las carreteras alrededor de Lahaina, incluida la autopista que comunica esa zona con el resto de la isla. Las autoridades hawaianas organizan caravanas de autobuses para trasladarles al aeropuerto de la capital, Kahului, lejos de la zona afectada. Ya han partido cerca de 14.000 visitantes desde que comenzaron los fuegos.

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Golpe emocional

Otra tarea fundamental será hacer frente al trauma de lo que algunos ya describen como el peor día en la historia de Maui. El número de víctimas es muy alto en una isla de 170.000 habitantes. La cultura ancestral de Hawái considera a la tierra (’aina, en lengua hawaiana) un ser vivo. Los humanos viven en simbiosis con ella y son sus custodios. Uno de sus lemas declara: “cuida de la tierra, y la tierra te cuidará a ti”. La destrucción de esta semana supone un duro golpe emocional, en especial si se le suma la probable pérdida de patrimonio histórico.

“La gente está preocupada por sus seres queridos, sus hogares, sus negocios, sus empleos”, declaraba a la cadena NBC el profesor de Historia de la Universidad de Minnesota David Aiona Chang, nativo de Hawái. “Muchos desastres que golpean a Hawái golpean especialmente duro a los nativos hawaianos. Es algo que vamos a tener que gestionar durante mucho tiempo”.

Una mujer llora tras conocer que su casa ha sido destrozada por las llamas, el miércoles en Kahului.
Una mujer llora tras conocer que su casa ha sido destrozada por las llamas, el miércoles en Kahului. MARCO GARCIA (REUTERS)

Los incendios en Maui y el resto de islas hawaianas no son insólitos en verano. Las lluvias de la temporada húmeda dispara el crecimiento de algunas plantas no nativas, como la hierba de Guinea, que se agostan durante la temporada seca y pueden arder con facilidad. Pero los efectos del cambio climático agravan esas circunstancias. Las temperaturas suben. En el archipiélago cada vez son más largas las secuencias de días seguidos sin lluvia. Un tercio de la isla padece condiciones de sequía.

Una sequía que se agravó esta semana en el archipiélago. Los niveles de sequía moderada se elevaron del 6% de la semana pasada al 14% a esta. En el condado de Maui ―que incluye esta isla y sus vecinas Molokai, Lana’i y la despoblada Kahoolawe― el deterioro fue especialmente acentuado: un paso del 5% al 16% de condiciones de sequía grave.

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