China borra todas las referencias al ministro de Exteriores recién destituido | Internacional

Las cosas más extremas pueden suceder en China con una pasmosa normalidad. Un día después de que Pekín ordenara la destitución del hasta ayer ministro de Exteriores, Qin Gang, tras un mes ausente de la escena pública, la página oficial del departamento que dirigía ha borrado todo su rastro como canciller —los enlaces a sus intervenciones recientes dan error—. Mientras, los medios estatales publican este miércoles noticias de su sustituto, el veterano Wang Yi, con una sorprendente capacidad para omitir toda referencia a la novedad. “El ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi, pidió el martes a los países del Sur Global […] que se mantengan firmes y confiados en seguir sus propios caminos”, arranca una crónica del China Daily.

Las causas de la desaparición y el cese fulminante ordenado por el Comité Permanente de la Asamblea Nacional Popular (el legislativo chino) en una reunión convocada con tan solo un día de antelación siguen siendo un enigma. Al rompecabezas se añade otro dato: mientras el rastro de Qin Gang al frente de la cartera de Exteriores ha desaparecido, su nombre permanece en cambio como consejero del Consejo de Estado (el Ejecutivo chino), un puesto jerárquicamente superior incluso al que ejercía como canciller. La nota con la que la agencia oficial Xinhua comunicó la destitución sugería que solo se le cesaba de su “puesto concurrente” como ministro.

La portavoz de Exteriores, Mao Ning, ha asegurado este miércoles en una comparecencia rutinaria en la que ha sido interrogada de forma insistente sobre el asunto que no tiene “mas información” que añadir al citado despacho. Hasta la fecha, la única vez que Pekín ha dado una explicación fue el 11 de julio, para asegurar que por “motivos de salud” Qin no acudiría a la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean) en Jakarta (Indonesia), según indicó en otra comparecencia el también portavoz de Exteriores, Wang Wenbin. Esta referencia fue eliminada sin embargo de la transcripción oficial.

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En su lugar, fue enviado a la cita el experimentado Wang Yi, de 69 años, hoy ya convertido en ministro de Exteriores, un cargo que ejerció durante la década anterior hasta el nombramiento de Qin en diciembre de 2022. Wang suma la nueva cartera al puesto que ya ejerce como director de la Comisión de Asuntos Exteriores del Comité Central del Partido Comunista, un cargo jerárquicamente superior al de ministro en la compleja pirámide del poder de la República Popular.

La falta total de pistas oficiales sobre Qin, un diplomático de 57 años con una trayectoria meteórica y considerado al menos hasta ayer un protegido del presidente, Xi Jinping, nutre desde hace semanas una montaña especulativa. Esa maraña está bien alimentada por rumores y teorías de todo tipo que descienden incluso al terreno personal durante su etapa como embajador en Estados Unidos.

El cesado dirigió la legación diplomática de Pekín en Washington durante casi dos años, justo antes de ser nombrado ministro, en un momento en el que las relaciones entre las dos superpotencias del siglo XXI entraron en una espiral descendente. Los lazos alcanzaron su mínimo en décadas apenas un mes después de que asumiera la cartera de Exteriores, cuando Estados Unidos ordenó en febrero el derribo de un supuesto globo espía chino.

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Las disputas parecían haber entrado en fase de deshielo en las últimas semanas, después de la visita del secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, a la capital china en junio. Qin fue el primero en recibirlo. Una semana más tarde, tras entrevistarse con los ministros de Exteriores de Vietnam, de Sri Lanka y con el viceministro de Exteriores ruso, se esfumó.

El analista Moritz Rudolf, investigador del Centro Paul Tsai sobre China de la Universidad de Yale, cita varias de las especulaciones que se barajan, después de dejar claro que no existen informaciones “creíbles” sobre su paradero: que Qin esté “siendo investigado por varios motivos (incluso por una supuesta relación con una periodista); sufra de un asunto de salud o tenga rivales internos en el Ministerio de Exteriores debido a su rápido ascenso”, según resume en un hilo en la red social antes conocida como Twitter (hoy llamada X). “Aún sabemos muy poco sobre la situación actual del exministro de Exteriores del segundo país más poderoso del mundo”, concluye. “Hay una posibilidad de que nunca lo sepamos”.

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Para Bill Bishop, autor de la página de referencia sobre política del gigante asiático Sinocism, “la destitución de Qin puede haber ocurrido más rápido de lo que hubiera ocurrido con otros funcionarios bajo investigación porque su ausencia inexplicable estaba afectando al trabajo diplomático y a la imagen de la República Popular China”, escribe en una nota. El puesto como consejero de Estado lo habría mantenido porque, en su opinión, quizá haya menos urgencia en cesarlo de un cargo sin demasiado significado de cara al exterior.

Bishop cree que el “borrado digital” del exministro en la página web del departamento que dirigía es un “indicador” de que Qin se enfrenta a asuntos disciplinarios más que de salud. Y conjetura: que Qin sigue vivo, que sus asuntos son de carácter político y que la próxima vez que haya noticias sobre él “probablemente sean que se encuentra bajo investigación”. Esas pesquisas tendrían el potencial de ser altamente sensibles, afirma, teniendo en cuenta que fue Xi quien apostó por promocionar a Qin por encima de otros con mayor antigüedad y experiencia. “Pero también podrían ser útiles para mostrar que nadie, ni siquiera aquellos que se percibe que tienen vínculos estrechos con el secretario general [del Partido Comunista, Xi Jinping] están por encima de la disciplina del partido”.

Xi, que lidera el país desde 2012 y revalidó en marzo su cargo como presidente para un tercer mandato, ha hecho de la rectitud de los funcionarios una seña de identidad. Desde su toma de posesión, las campañas anticorrupción han sido una constante. En su primera década al frente del partido, 4,6 millones de personas han sido investigadas por los órganos anticorrupción, entre ellos más de 500 funcionarios de alto rango, según cifras oficiales del pasado octubre. Diversos analistas consideran que estos movimientos también han supuesto la práctica eliminación de facciones rivales, lo que ha ayudado a Xi a apuntalar su liderazgo.

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“Le deseo lo mejor”, ha dicho Antony Blinken este miércoles al ser interrogado sobre la destitución de Qin Gang durante una comparecencia en Tonga, el país insular donde se encuentra de visita oficial. Blinken ha asegurado que espera mantener también una buena sintonía con el nuevo ministro, Wang Yi, al que conoce desde “desde hace más de una década”, ha frecuentado “de forma repetida”, y con quien confía en poder trabajar bien, igual que lo han hecho en el pasado. “Es importante para nosotros manejar esta relación de manera responsable”, ha subrayado el estadounidense. “Eso comienza con la diplomacia, eso comienza con la participación, y trabajaré con quien sea la contraparte china relevante”.

La entrevista con Blinken fue la de mayor calado de Qin antes de desaparecer. Aquel 18 de junio sostuvieron conversaciones “sinceras, sustanciales y constructivas”, afirmó el Departamento de Estado estadounidense, y en ellas Pekín y Washington acordaron continuar el diálogo para reconducir su relación. El estadounidense invitó al entonces ministro chino a visitar Washington en un momento “mutuamente conveniente”.

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