Djokovic resucita y vence a un incansable Alcaraz en otra final épica | Deportes

Se tira al suelo Djokovic, exhausto y rendido, después de vencer en otro partido memorable a Carlitos Alcaraz que llora sin consuelo en su banco, liberando toda la tensión de estas dos semanas llenas de obstáculos que ha ido superando hasta que ha tocado con un ser de mil vidas que le salva una bola de partido y le frena en su camino hacía la victoria en Cincinnati. “Ha sido uno de los partidos más duros de mi vida”, confiesa el serbio tras conquistar su Masters 1000 número 39, el tercero en Cincinnati, después de otro encuentro para la historia (5-7, 7-6(7), 7-6(4) en tres horas y 50 minutos) donde el último exponente de la vieja generación, que inclinó la rodilla en la catedral del tenis, se resiste al cambio de era.

Esta vez la gloria le tocó al serbio en una final de Cincinnati que nada tuvo que envidiar a la de Wimbledon. Absolutamente nada. Se volvieron a enfrentar los dos mejores tenistas del mundo, y con amplia diferencia del resto. No podían luchar por el número uno, ya asegurado por el español para el US Open, pero una final es una final y ninguno de los dos se dejó nada. Encontró Alcaraz su tenis en el primer set e infligía un ritmo tan alto que dejaba completamente noqueado al serbio, que sufría una bajada de tensión. Reapareció el de Belgrado cuando el español rozaba el título para llevarse el segundo set y en la ronda final ambos se enzarzaron en una autentica lucha de golpes donde salió victorioso el más veterano.

El inicio fue positivo para el de El Palmar que conectaba otra vez con su derecha, la volvía a sentir y con ella movía al serbio que por primera vez en el torneo sentía la presión encima. Pero no hay mejor tenista que sepa lidiar la presión que ‘Nole’ que aceptó el desafío, subió el nivel y en el sexto juego pegaba su primer zarpazo rompiendo en blanco el servicio del murciano. Ni se inmutó el de El Palmar que no se desquició como en sus primeros encuentros de verano americano. Más concentrado y sereno que durante toda la semana, respondía al instante y le devolvía el break: 4-4 en 34 minutos de puro de tenis.

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Alcaraz estaba jugando su mejor partido desde la final de Wimbledon. El número dos padecía un bajón por el clima y por el ritmo que imponía el de El Palmar que iba con el turbo puesto; corriendo para arriba y para abajo, abriéndose de piernas para llegar a las bolas y así, con una intensidad digna de un número uno, volvía a romper y con su servicio se llevaba el primer set por 7-5 en una hora de encuentro. Un Alcaraz imparable se ponía por delante ante un serbio que se retiraba a los vestuarios a coger aire después de una primera manga en la que empezó sólido y terminó exhausto.

“¡Somos una roca!”, le recordaba Ferrero al inicio del set que no quería ni el más mínimo despiste. “¡Novak, Novak!”, gritaba la pista central de Cincinnati que quería más tenis y buscaba la recuperación de un serbio que no reaccionaba. De hecho fue a peor y, débil y mareado, realizaba tres dobles faltas seguidas y perdía el servicio. No se encontraba nada bien el serbio que tenía que llamar a los médicos. El calor de Cincinnati y la intensidad de Carlitos le noquearon y se mostraba desorientado en el banco. Le tomaron la tensión, le dieron una pastilla y volvía al ruedo.

A partir de entonces revivió el serbio, recuperaba la energía perdida y avisaba con dos bolas de break que supo defender Alcaraz. Pero Djokovic, que no es la primera vez que hace una de sus tretas, tiene siete vidas, rompía el ritmo acortando los puntos y recuperaba el quiebre. Se reía Carlitos que, en un abrir y cerrar de ojos, veía como pasaba de acariciar el trofeo de Cincinnati, con la indisposición de Novak, a tener que sacar para no perder el segundo set. Cerraba el puño y apretaba los dientes el número uno que le pilló de sorpresa la resurrección del serbio pero la aceptaba como parte del juego.

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Se iban al tie break donde el español podía rematar y lo supo a la perfección. Remontó un 3-1 en contra y disponía de punto de campeonato. El murciano estaba a una bola de confirmar que en el circuito manda él. Hasta que la veteranía del ganador de 23 Grand Slams se impuso en la pista y, otra vez más, cuando el serbio estaba en la camilla volvía a mostrar su grandeza y se llevaba la segunda manga. Y como ocurrió en su primer duelo en Madrid y su último en Londres; el partido se iba a último set.

La final se calmó por primera vez y los juegos se sucedían. Ya no había pájaras ni remordimientos, solo dos maquinas competitivas. El partido pendía de un hilo y cualquier mínimo fallo les condenaba a la derrota. Y el primero en errar fue Alcaraz, en el séptimo juego, que después de salvar cuatro bolas de quiebre caía en la quinta y por primera vez en el encuentro se alejaba del título. Las 56 finales jugadas de Masters 1000 por parte del serbio empezaban a hacer mella. Djokovic estaba en su mejor momento del partido y se colocaba 5-3. A Carlitos no le quedaba más que lanzar una última ofensiva. “Si se nos va, se nos va. Pero hay que ir a por ello”, pedía Ferrero y el murciano con el tanque cada vez más vació hacia lo imposible para defender dos bolas de partido con su saque.

El balcánico sacaba para llevarse el torneo y a Carlitos solo le quedaba el orgullo y el honor tras ver como se le escapaba el partido. Se vaciaba y luchaba; disponía de dos opciones de break pero Djokovic neutralizaba y gozaba de su tercera punto de partido, que volvía a desperdiciar con una doble falta. Nadie se atrevía a predecir que iba a ocurrir porque Alcaraz se negaba a caer y levantaba la cuarta bola de campeonato. Se llevaba las manos a la cabeza Ferrero porque los dos figuras estaban haciendo otro monumento al tenis y en uno de esos arrebatos, al fin, rompía Alcaraz; comenzaba otro partido y la grada entraba en delirio.

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Carlos Alcaraz se emociona tras perder en la final de Cincinnati ante Novak Djokovic
Carlos Alcaraz se emociona tras perder en la final de Cincinnati ante Novak DjokovicKatie Stratman (USA TODAY Sports via Reuters Con)

No podía haber mejor desenlace de la final que otro tie break, que fue el mejor resumen de lo que fue el partido: intercambios infinitos, alternancias y más, y más, dosis de tenis y drama. La experiencia siempre es un grado y finalmente Alcaraz sucumbía ante el inmortal Djokovic.

El serbio consumó la revancha de Wimbledon en uno de los partidos más agotadores que ha tenido que hacer frente en su carrera ante un rival que le exigió como pocos: “Este chico solo hace que mejorar y mejorar”, afirmaba el balcánico después de una final interminable y donde también recordó a otro jugador: “Esta experiencia ya la he vivido anteriormente, y fue contra otro español”.

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